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Pitocracia

La leyenda dice así: una abuela queda al cuidado de sus cinco nietos. El fantasma culinario toma el control sus manos y se propone conquistar el exquisito y quisquilloso paladar de la prole. Honra a sus antepasados con cada papa que pela, hierve y hace puré con cariño. Tras un breve amasado, una pizca de picardía y dos cucharadas de coraje (cocinar y comandar una tropa de cinco no es asunto para tomarse a la ligera), da forma a la masa. Llega el momento del secreto, fuera todos del espacio sagrado! Puertas adentro se oye el menear de cacerolas, la explosión de burbujas, el susurro del fuego.
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El aroma del tostado tibio invade el aire.

El cielo se tiñe de sepia.

La puerta de la cocina se abre con disimulo. Cinco cabezas, en desorden cronológico, asoman su nariz (si de perros hablara, sospecho, sus colas serían presas de un vaivén eléctrico).

A comer!
[ Los Bubenspitzle! ]

Continua la leyenda y explica cómo un cierto día de mayo uno de los niños fue consultado acerca de su delicia predilecta. Recordó el sabor que las manos de su abuela supieron imprimir y entendió, a la vez, que su interlocutor no dominaba el alemán y que él, asimismo, no era un as en esto de las descripciones fehacientes.

Pitos, los pitos de la Oma, la mejor comida!
[ N.d.A. germanizante: Bubenspitzle podríamos traducirlo como pito de nene y la forma de estos ñoquis centroeuropeos es, predeciblemente, la de un pene de niño. ]


Hazte la fama y échate a cocinar.
Llegó el verano en que la Oma finalmente visitó nuestro rancho. Recibida con bombos y bonetes fue rápidamente internada en la cocina: Catalunya conocería los pitos.
Coincidió su labor con la madurez de las ciruelas, aquellas que coloreaban de violeta los paisajes de su vieja Europa natal. Revivió dos sabores en una mañana y sus pitos y los Zwetschgenknödel enloquecieron a todo catador.
Recetas, miles. La suya sencilla:
  •  1kg de papas, peladas, hervidas y hechas puré
  • 150gr harina (“Pero vos fijate, nena, porque la humedad de las papas varía”)
  •  Una pizca de sal
  •  Una pizca de nuez moscada

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Una vez formada la masa, estirar tiras, cortar porciones pequeñas y dar forma… de pitos! Hervir en abundante agua hasta que suban a la superficie (la flotación será indicador de su cocimiento).
Por otro lado, calentar aceite neutro en una sartén y dorar en él pan rallado (“Casero o de panadería, nena, que no tienen el grano tan fino”). Dorar los pitos en la sarten procurando que queden cubiertos de la mezcla de pan.
Se sirven dulces, acompañados de azúcar y puré de manzana, o salados.
En el caso de los Zwetschgenknödel, las ciruelas se envuelven enteras con la masa y el resto de la cocción se realiza de la misma manera que los pitos.
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