Archivos Mensuales: junio 2014

Liebeskünstler

“No podés saberlo. A vos nunca te rompieron el corazón.”
Era adolescente. Crédula, constante, con la creatividad acallada.
Sus palabras fueron punzones certeros y llegó con su verbalidad doliente al centro de mi emocionar de estanterías organizadas.

No era su daga encolerizada quien me traspasaba, sino la certeza de saberme desconocida desde la cáscara hasta la más ínfima partícula de mi composición. Porque por mi torrente vagan, inefables para la boca apócrifa, los relatos de las inquisiciones que mis amores destruyeron.

 

En mi universo la construcción del cariño no requiere de un yo personalizado de zapatos pulidos, dirección postal comprobable y proezas académicas. Mi romance lo edifica este yo fantástico que descubro al cerrar los ojos, moldeando infinitos ideales, sombras de grandes literaturas, destellos de aquel que jamás me devolvió la mirada (de aquel otro que jamás me olió al pasar).

Conformé las borrascas de amor vertiendo gota a gota mi sed y cualquier rastro de demandas y obligaciones, llenando los cántaros de promesas pronunciadas tan sólo por el repique de mi andar egoísta. Lo reconozco sin doblegarme: formé amores que tan sólo para mi existieron; siempre ajenos a su posesión, los experimenté ilesa y revuelta desde la ventana de mi membrana vitelina.

 

 

…y cuando me decidía a abrirla…

Tanto como los quise (melosos – independientes – pasionales – devotos) tanto cuanto me hirieron.

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Arte gestante

Delineante de curvas inquietas, nexo barroco entre la paleta infantil y la profundidad de la introspección puntual,  ahuyenta la rigidez del ser con cada emoción que en plástica transforma.

Veloz en el repique de sus pasos carga con maletas cargadas de fantasías colectivas. La expresión segura oculta risueña el desarrollo estancado de sus dientes: una burla que incomoda al paso del tiempo.

 

Hoy es artista plural que atrapa la vida con su circularidad de estreno

…para emerger en creadora particular.

 

 
“¿Qué hace esa india huichola que está por parir? Ella recuerda. Recuerda intensamente la noche de amor de donde viene el niño que va a nacer. Piensa en eso con toda la fuerza de su memoria y su alegría. Así el cuerpo se abre, feliz de la felicidad que tuvo, y entonces nace un buen huichol, que será digno de aquel gozo que lo hizo.”
Eduardo Galeano
‘Verde cemento’ de Melanie Mahler

Observación rotacional

Claridad. Me encegue.

Celeste, blanco. Coronas de verde.

El gorrión que sigue su ruta.

…la sigue.

Rugosa, tallada de surcos, la corteza penetra serpenteando en la horizontalidad de la Tierra.
H  u  m  u  s   y   a  b  r  a  z  o.

/ trébol… hierbabuena… verdolaga… diente de león /

Me mueve una curiosidad de manos templadas. Cargo el peso sobre mi contorno derecho cuando percibo… si, acá sobre mi hombro izquierdo… -estático mi parpadeo- … el aleteo vital de una mariposa.

 

Me desplomo:

                    Hormiga. Humedad. 

TAMBOR, VIDA, FUEGO.
Canción. Ensoñación. 

La caricia de tu ausencia me la regala el viento.

El gusto es mio

¿Quién, negrito lindo, te revolverá el puchero como mis manos duende lo hacen?

¿Te fijaste alguna noche cómo la carne en magia adobo? De madrugada, toda endormiscada atada a la yerba humeante, ¿notaste con qué cura corto cada verdura atendiendo a la silueta que mejor la viste? A los garbanzos, te confieso, los obligo a desprenderse de su membrana pudorosa. Y aunque sé que mi pasión por el boniato no es compartida, procuro desmenuzarle la forma para que sólo su dulzura huidiza en tu boca percibas. Desde que la cebolla me habló de su tristeza ontológica, empatizo con su naturaleza y desmiembro sus catáfilas ahogada en llanto. En la untuosidad caliente y láctica de la manteca consigue desembarazar su dulzura y es el paso de Mailliard por sus células lo que atomiza su perfume.

 

Conducida por mi repique esencial, embriagada de vapores, dibujo con los frutos de la tierra una obra organoléptica.
De su naturalismo estático los ingredientes devienen en erótica pictórica perdiendo estructura, confundiendo su carne con la ajena, amalgamando transpiraciones.

El serpenteo cariñoso y calculado del castaño del cucharón traduce mi devoción por tu apetito.

Como romance de alcoba improvisada, la masa candente pide tiempo, cobijo, calor en asenso.
Adivino el final, chamusco su fondo y lo acompaño, silenciada-analítica-pletórica, en la desaceleración de su latir.
Llegás ansiando mi piel y con cada cucharada logras comerme entera. Traspaso tibia y melosa boca, estómago, intestinos. Me desarman enzimas y movimientos para llegar vital, nutritiva, constructora al torrente inquieto de tu savia.
No es mi puchero herencia generacional reinterpretada, sino lenguaje sensible de mi esencia primal.
Incorporá la materia individualizada que me conforma grabando el código genético del sabor que expiro por que no hay, negrito lindo, manos que como éstas tu puchero preparen.
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