Archivos Mensuales: mayo 2013

Armonía en si sostenido

Una calma inquieta mece la atmósfera. Tiene toda ella un tinte rosáceo irregular que honra los más inmemoriales atardeceres pampeanos.

[ Compte amb la por, li encanta sobar somnis! ]

Inspira, se afina y no teme.

Confunde las migraciones esta fría brisa de junio en la cara norte de la Tierra. Se aquieta la sangre, late expectante la mente.

– Necesito un cambio en mi vida.

No la abrumaba. Se había convertido en carne de su uña y lo comprendía. Más  aún, lo sentía. Sonreía cómplice del deseo de caída libre. Anhelaba ligada a su palma volver a aventurarse en el encanto de lo desconocido, sentirse aprendiz de la vida. Había estado deseando, sin reconocerlo, zambulirse en el cauce nutridor de la renovación espacial.

Necesito acompañarte en este cambio.

 

Se atropellaron brazos, pecho y espalda.

Enarbolaron los besos un compromiso certero.

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Walpurgisnacht

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Roucco Varela, con un apellido que conjuga la creme de la creme del Partenón pornográfico y la huella de algún dictador sudamericano, anunció la designación de una nueva y bien formada banda de exorcistas (de la mano de un creativo de estreno seguramente ya serían un éxito en ventas).
Los seres prisioneros de demonios y ángeles maléficos sustituyen de manera tragicómica a hombres y mujeres que recorren las calles indignados en busca de un futuro de certidumbres para los suyos. Resulta doloroso y vergonzoso sentir cómo algunos enjambres se encargan de alzar inequívocas cortinas de humo, de crear monstruos y de insistir en un fantástico universo en el cual a base de agua bendita y sermones patriarcales los conflictos de comunicación serán resueltos.

Teniendo por segura la actuación de la joven legión de super hombres “desdemonizadores”, estimo que, por detrás, llegan marchando los super responsables de purgar la sociedad de tanta superchería anquilosada. Y no, no hablo de esas extraordinarias sacerdotisas televisadas en la quietud de la madrugada: ellas impulsan el flujo económico siguiendo los pilares de expertos en la materia, a base de enredar el lenguaje, desestimar la buena fe y timar la desesperación. No. Mis palabras aluden a mujeres que saludan al Sol, mutan con la Luna y son capaces de fundirse en la Naturaleza para devenir en instrumento sanador. Ninfas de la noche que enlazan sus experiencias individuales en una dimensión que las supera, auna y magnifica. Mujeres que renacieron de tiempos oscuros para cargar sus cuerpos de confianza y liberar sus espíritus de limitaciones paternalistas.

Las hay sirenas de ocre cabellera hiperlaxa que pescan marineros descorazonados; las hay que oscilan entre las olas del mar y las del desierto rastreando la Historia silenciada. Existe aquella hija de Medusa que disfrazada de urbanita contagia el canto del altiplano. Está esa que, vestida de ninfa oriental, destila el aire del monte. Las hay, y no pocas, que con hilo de seda y angora urden una sanación.

 

No reposes lengua mía!
Atiza nuestro fuego

sin calmar la herida.

 

Renace el cuero del tambor, late la caja. Suena sostenido un murmullo renovado.

 

Abre el cazador un espacio entre sus dedos y decide espiar culposo.

Tiembla. Se siente. Vive.

 

La mujer que sostiene

La ‘figura’ de la doula dicen muchos sin que suene un eco o le quede holgado el sustantivo, porque la doula y su labor no pueden acotarse a una intervención puntual ni a un actuar pautado con premeditación. Confluyen en esta mujer sabidurías sutiles legadas a través de la historia, sensibilidades propias, una dosis elevada de empatía, reflexión y una constante, pero no siempre consciente, reconstrucción de la experiencia personal.

Convido a quienes de experiencia carezcan a la mutación en una mujer embarazada: gloriosa y radiante ante el espejo; mareada en sus silencios. La firmeza del vientre se empantana en el pensamiento del mañana… Sólo existe este hoy, este gozo de la redondez, este disfrutar sin justificaciones del único egoísmo puro y amoroso que transforma la dualidad en unidad de vida.

Llega el día en que los márgenes se dilatan, se humedecen los caminos, aprietan vientre, caderas y manos, se tensa la frente y relajan los pies, tiembla el pulso y cabalga agitada la respiración. Se pierden el rumbo, los estribos, los modos y el buen andar. Tan pronto ruge la leona como arrulla la tórtola. Suben las mareas, crece el caudal de los ríos. Se sostiene el impulso animal hasta que, suave y tibia, asoma la vida. Redoblan en el espacio los cantos de la tribu: ya estás aquí, maravilla del útero mio. Imagen
Todo aquel caudal de emociones fosilizadas, las propias y las heredades, nace de improvisto junto a nuestro hijo. De pronto todo aquello que supo ser confianza y valentía se transforma en temor y desconocimiento. ¿Cómo camino ahora con este cuerpo dador de vida? ¿Cómo serpenteo entre el cansancio, las demandas de mi parejas, las exigencias de esta sociedad que me ahoga? Y sobre todo, ¿quién sostiene este tierno empalme que somos hijo y yo?
La doula asoma en este escenario como una voz en off. Su savoir faire se basa en una presencia respetuosa y amorosa que acompaña a la madre en este nuevo andar. No juzga, no dictamina, no corrige, defiende ni adoctrina. Ante la mirada de un analista productivo el actuar atemporal de la doula resulta una calamidad mercantil. Y no obstante, ella mantiene el paso que marcan y requieren la puérpera y su bebé. Una doula no sólo comprende, SIENTE que las tribulaciones de una mujer que acaba de parir exceden tiempo y espacio. Reconoce en sus tristezas las cicatrices de un parto no respetado, el vacío de un puerperio en soledad o la angustia asfixiante de un hijo hospitalizado.
La presencia solícita y sigilosa, la mano que sostiene, calma y asegura y su mirada desprejuiciada auxilian a la madre en búsqueda de su propio camino. No existen reflexiones inocuas, sino palabras y suspiros que legitimizan los sentimientos de cada madre que acompaña. Refuerzan, desde un rincón en penumbra, que cada mujer es la protagonista de su maternidad.

Según el modelo más tradicional, una maternidad suele conllevar una paternidad, un pilar de emocionar en clave masculina que requiere, también, de una oportunidad para compartir sus fantasmas. La doula propicia un campo de encuentro mediado donde reconocer limitaciones, tomar responsabilidades y pensar en el mañana; un regazo emocional donde recostarse para poder sostener esta nueva vida con mayor firmeza.

Asegurar que la vinculación madre – hijo inmediata sea exitosa no es razón de medallero personal sino axioma ineludible para el armónico y amoroso convivir de toda la humanidad: el cobijo constante, la respuesta inmediata y el respeto intrínseco de los primeros días son el grabado que dejaremos a lo largo de todas nuestras relaciones.

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Pitocracia

La leyenda dice así: una abuela queda al cuidado de sus cinco nietos. El fantasma culinario toma el control sus manos y se propone conquistar el exquisito y quisquilloso paladar de la prole. Honra a sus antepasados con cada papa que pela, hierve y hace puré con cariño. Tras un breve amasado, una pizca de picardía y dos cucharadas de coraje (cocinar y comandar una tropa de cinco no es asunto para tomarse a la ligera), da forma a la masa. Llega el momento del secreto, fuera todos del espacio sagrado! Puertas adentro se oye el menear de cacerolas, la explosión de burbujas, el susurro del fuego.
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El aroma del tostado tibio invade el aire.

El cielo se tiñe de sepia.

La puerta de la cocina se abre con disimulo. Cinco cabezas, en desorden cronológico, asoman su nariz (si de perros hablara, sospecho, sus colas serían presas de un vaivén eléctrico).

A comer!
[ Los Bubenspitzle! ]

Continua la leyenda y explica cómo un cierto día de mayo uno de los niños fue consultado acerca de su delicia predilecta. Recordó el sabor que las manos de su abuela supieron imprimir y entendió, a la vez, que su interlocutor no dominaba el alemán y que él, asimismo, no era un as en esto de las descripciones fehacientes.

Pitos, los pitos de la Oma, la mejor comida!
[ N.d.A. germanizante: Bubenspitzle podríamos traducirlo como pito de nene y la forma de estos ñoquis centroeuropeos es, predeciblemente, la de un pene de niño. ]


Hazte la fama y échate a cocinar.
Llegó el verano en que la Oma finalmente visitó nuestro rancho. Recibida con bombos y bonetes fue rápidamente internada en la cocina: Catalunya conocería los pitos.
Coincidió su labor con la madurez de las ciruelas, aquellas que coloreaban de violeta los paisajes de su vieja Europa natal. Revivió dos sabores en una mañana y sus pitos y los Zwetschgenknödel enloquecieron a todo catador.
Recetas, miles. La suya sencilla:
  •  1kg de papas, peladas, hervidas y hechas puré
  • 150gr harina (“Pero vos fijate, nena, porque la humedad de las papas varía”)
  •  Una pizca de sal
  •  Una pizca de nuez moscada

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Una vez formada la masa, estirar tiras, cortar porciones pequeñas y dar forma… de pitos! Hervir en abundante agua hasta que suban a la superficie (la flotación será indicador de su cocimiento).
Por otro lado, calentar aceite neutro en una sartén y dorar en él pan rallado (“Casero o de panadería, nena, que no tienen el grano tan fino”). Dorar los pitos en la sarten procurando que queden cubiertos de la mezcla de pan.
Se sirven dulces, acompañados de azúcar y puré de manzana, o salados.
En el caso de los Zwetschgenknödel, las ciruelas se envuelven enteras con la masa y el resto de la cocción se realiza de la misma manera que los pitos.
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El día después

Anoche viví por primera vez una experiencia a la vez iluminadora y desgarradora: escuché cara a cara las palabras de una mujer golpeada, denigrada, destruida por completo en su autoestima, pero en pleno camino de recuperación. Su dolor fue el mio, pasé la noche entre duermevela y pesadillas y amanecí purgando la angustia contenida con un llanto explosivo

Fueron esas horas de escucha atenta lo que me conducen hoy a reflexionar sobre el lenguaje. Hablamos de “maltrato animal” pero la violencia premeditada, repetitiva y sanguinaria de un hombre hacia su (posesivo que en este caso me cuesta utilizar) mujer la englobamos dentro de una categoría etérea denominada violencia de género. Este ejemplo de economía del lenguaje facilita la labor a periodistas, evita tal vez un poco la implicación emocional de quien redacta un informe y pone en boca de todos un tema hasta hace pocos años reservado al pudor y los capellanes.

Siento, padezco, este resumen periodístico de la descripción exhaustiva y minuciosa. No ahorremos los detalles, no escatimemos en calificativos. A qué le teme la pluma?

Violencia de género… qué leé cada uno detrás de estas tres palabras? Defensa de los Derechos Humanos? Viene a la mente acaso el último informe teatralizado de la televisión?

Condensar la intangible y lívida realidad de estas mujeres y de sus familias sólo crea una pantalla. Aquella persona en quien hicieron su depósito de vitalidad es quien las denigra y amenaza hasta la muerte, sin recesos, sin vergüenzas, cargada de una superioridad autoasignada y machacadora. La mujer que logra comenzar con su proceso de liberación sabe que no existe el final del camino, que la lucha por su defensa y la de los suyos será una constante en su vida.

Estas mujeres, estas víctimas aún sobrevivientes, respiran una huída casi intermitente. Dejan su casa, sus amistades, sus rutinas; escapan muchas veces sólo llevando su DNI y la ropa que visten, sus hijos de la mano y el miedo de invitado parasitario. Saben que ya no huyen de alguien sino de la muerte. Mas su vivir aletargado y sufrido no comienza a resplandecer en su nuevo destino. El cautiverio se convierte entonces una necesidad para su supervivencia. Temen a los paseos por el bosque, temen al trayecto que ha de andar del mercado al coche, temen a las sombras, los silencios. Temen descubrir, una mañana, que deben convertirse en la heroína solitaria de su historia; maldicen los cuentos de hadas y ruegan descreídas por una comunidad que la sostenga.

Verborragia se estrena

Sara ilustra y es suave en su hablar, tanto que algunos días siento que el hilo de su voz se pierde en el túnel de mis orejas. No obstante, ríe ruidosa y me saluda con abrazos que me recuerdan el calor que late en los encuentros de mi tierra. Yo tengo unos cuantos pájaros anidando en mi cabeza que hacen que mis palabras se tropiecen las unas con las otras. Parezco andar siempre con prisa y añoro las noches en que me despertaba sin temor a escribir toda la verborragia de mi alma.

Y llegó la tarde en aquella mujer multiocupacional le propuso a ésta escribir.

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Escribir dijo… pensé… Cuánto amor por las palabras, por el cuidado del verbo, por la suavidad de los calificativos más cotidianos había llegado a gestar! Y cuán poco costó que la magia se perdiera en la inmensidad del universo literario, fagocitador inescrupuloso de ilusiones sencillas!

Con el nacimiento de mi hijo descubrí el fuego de mi sangre. A su lado toda metáfora enmudeció y el abismo entre el yo que me desvelaba y el que amanece para maternar se fue ampliando.

Y llegó la tarde en aquella mujer le propuso a ésta escribir.

– Tenés una mano y una cuchara? Entonces podés. – Le dijo el cocinero a su ayudante.
“Yes, we can” repitieron hasta el cansancio los propagandistas de Obama.

No obstante, tantas veces, nos late en ese rincón de nuestra racionalidad la molesta duda: ¿realmente podré?

Natural me parece dudar actualmente de nuestra sabiduría física y emocional para parir: no salimos acaso a la calle y encontramos una oferta escandalosa de productos ‘listos para…’? No en pocas ocasiones tengo la sensación de que el mercado me toma por idiota… O será que habrán logrado muchos el objetivo de atontarnos en pos de ventas suculentas? Será que las luces de la ciencia en “función” del hombre nos enceguecieron a tal punto que hayamos olvidado que detrás de cada nuevo producto milagroso existe, siempre, ese par de manos, nuestras manos?

Se habla de la filosofía del ‘hágalo usted mismo’ y no puedo evitar sonreir cuando me imagino explicándole a mi abuela que lo que hizo durante toda su vida es hoy en día, ni más ni menos, que una filosofía. Aprender a cocinar las legumbres y los cereales, a cuidar un pequeño huerto, a hacer los remiendos de la ropa o a tejer una bufanda probablemente no nos hará pasar el más crudo invierno ni nos convertirá (o si?) en profesionales, pero seguramente nos dará una pista sobre el trabajo que conllevan y los buenos resultados obtenidos grabarán en nuestra piel que nosotras podemos.

Mi caso, reflexiono ahora, se dio de manera inversa: sabía que podría parir, confirmé el hecho y a partir de allí toda la confianza en mi misma se fue desenhebrando para salir a saludar a Febo. Comencé la ruta con la manta de crochet para mi hijo, seguí con el armado de un gallinero hasta llegar a estrenar hoy mi espacio de escritura virtual… y mañana… mañana mi cuerpo dirá.

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