Archivo de la categoría: Ovulatorio

Aquesta qui ets essent aquí

Desitjat és el perfil d’una pastora que sigui el màxim exponent del mujermaravillismo exigit a les dones dins els àmbits majoritàriament masculins.
Una dona que porti la granja tota sola, al Pirineu preferentment (icona de resistència brava), sense saber gaire quina implicació comporta aquest comandament en solitari…

Que procuri les herbes per l’hivern, que arregli els camins després de les pluges torrencials, que porti els gossos al veterinari i els papers a l’oficina del DARP. Que faci venda directa, algun mercat, autònoms i cursos Ruralcat.

Que repassi el filat, tracti amb els caçadors, gestioni els boletaires i els nedadors de bosc. Que faci visites guiades, ofertes de temporada, que observi els runners reventar les pastures i que sàpiga xiular.

Que estigui activa a les xarxes o que sigui el seu antònim: sense llum, micro, vitro. Que estigui en formació continua. Que tingui algun fill. El cuidi, el porti a l’escola fins i tot amb les pistes negades per la neu, el tingui net, li compri roba i es queixi amb ell dels deures, el porti a fires, jugui amb ell videojocs i li ensenyi l’amor per la literatura mentre mengen xocolata d’amagats.

Que no s’afaiti i es vegi polida. Una mica cupaire i curiosament atractiva per la dreta. “Soft rustic.”
En el cas deluxe, que tingui alguna afició així una mica vintage com fer ganxet, llegir Balzac i despertar els sentits del gust com Juliette Binoche a ‘Chocolat‘. Que porti el tractor i no dugui tatuatges.
Que sigui del país amb bestiar del país. Que parli el català de TV3 o arrossegui l’accent vilatà profund dels seus avantpassats.

Que atengui els parts amb guàrdies nocturnes i maratons diürnes, que ajudi a mamar als més adormidets i procuri evitar mamitis. Que avisi els clients de l’imminent disponibilitat de xai. Que pasturi i porti els que fan el pes a l’escorxador. Quedi amb els clients, entregui, cobri. Rebuts, factures, IVA i llibre d’explotació.

Que munyi de matinada, netegi les instal·lacions, pasturi, procuri nodrir-se, munyi a la vesprada. Que vengui la llet o faci formatge. Fresc i sortir a vendre; madurat i amb cures diàries a la càmera de maduració.

I que sigui prou llesta, prou organitzada, prou capaç, prou exemplar per trobar una hora mensual per estimar-se a si mateixa.

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Luna de lana

El desvelo.

Entro al establo a las dos de la mañana. La luna acaricia casi plena, se inunda hasta la cama. Frío pausado, de abrigo sencillo y hombros sin encogimiento. El rebaño yace en plenitud calma, sosegada. Un cencerro que vibra. Una rumia que comienza. Suena el susurro de las hojas mecidas en el viento.

Inspiro, comprendo, que todo irá bien.

Indumentaria pastoril no obligatoria

Dijéronme un día que fuera vestida de pastora. Me sacudí y automáticamente mi índice recorrió al viento mi silueta del torso a los tobillos: vivo vestida de pastora; visto viviendo de pastora.

Hoy encontré un sari que hace más de quince años mi vieja compró en la India. Color crema, desmangado y con un precioso bordado de lentejuelas chiquitas y brillantes e hilos tornasolados. Un jardín de estío burgués. Lo guardaba, quizás igual que mi vieja, para una “ocasión especial”. Esta tarde temí la obviedad: la pena del encierro me forzaría a regalarlo a otra mujer que, probablemente, volvería a repetir este patrón de comportamiento proteccionista.

Hoy pastoreo sola, hace muchos días ya que no lo hacía en soledad, sin apuro y con la liviandad abstraída del primer día de menstruación. Agosto y el sol a estos 1000msnm acaricia tibio sin lograr calentar la sombra. Cumulonimbus de copas brillantes y bases grises. El viento silba para llegar al mar: me gusta otear imaginando veraneantes satisfechos, palas, cubos y orejas con arena, un grupo de amigas hablando en tetas frente al manso oleaje mediterráneo.

Llevo la mochila, un par de manzanas, un libro y este teléfono que me permite que las palabras no se me escapen antes de que las logre hilar y que mi atención hacia el rebaño no se disperse con la concentración que la cursiva prolija me implica. Visto zapatillas cuyo grip el andar comió, las bombachas de campo con el tiro alto, así mi útero se infla en paz, y el sari ya que hoy, determino, es una ocasión especial.

Fuera de mi

Mi condición de migrante es un estado de ánimo. Ciclotímico, exhuberante, melancólico.

No es la distancia quien me parte. Es el desarraigo el que me desviste. Me exhibe, me incomoda, me desorienta.

No soy de aquí ni de allá: no es un lugar común. Modus vivendi que exprime el instinto de supervivencia.

Sin haberlo planificado me desdoblé: la barullera del sur, la mansa del norte. Y en las tangentes que se rozan, ¿quién soy? ¿Con cuál me quedo? ¿Qué pauta esta mutación?

Los ojos ajenos absorben con sencillez volátil este emocionar: “volvete”.

Mas, no existe rincón que mis manos hayan construido allá, no hay tierra que me llame a la labor. Acá, en este centro físico que ocupo, hice, hago y quiero hacer.

La plenitud llama a la cercanía. Busco en las calles austeras el color de la cartelería bonaerense, la tipografía que me hace sentir en el barrio, las veredas de baldosas destrozadas. Busco la cara de las panaderas que me solicitan con un “¿qué te pongo gorda?”, busco el lenguaje común: me duermo en el bondi, es una poronga, no veo un choto, no tengo un mango, te quiero bocha, me vuela la peluca. Oír mi lengua, que hable mi piel. La ironía, el sarcasmo, la cancherez del lindo del conurbano.

Tirar de la soga con toda mi fuerza hasta arrimar los continentes y facilitar que este mate solitario pase de mano en mano. Agotar la yerba con vacuidades diarias.

No dejo que me consumas, melancolía ingobernable. Me hice un oficio honesto, pluridisciplinar y sin fecha de caducidad. Con estas manos, la fortuna de mi lado y unos soplidos a favor, ¿quién alzará los muros que me impidan otros atardeceres ranchear en las sierras del sur?

La perfección

Mi cuerpo es perfecto.
Gestionó todas sus reservas de energía y potenció su capacidad Creadora para facilitarle la vida a una nueva vida. Fue alimento, abrigo, refugio de amor. Ensanchó su cadera para sostener y le regaló la libertad del roce a mis pechos (el frío, el calor, el movimiento de las telas; redimensionar los sensores).

Mi cuerpo es perfecto.
Dos rodillas aceitadas y un par de muslos caminantes eficaces a la hora de acuclillarme. Subo, bajo de culopatín y hasta me permiten jugar a la hembra desvergonzada para hacer pis donde urge.

Mi cuerpo es perfecto.
Se va a dormir con la misma placidez con que despierta para hacer el amor. Volcán de chocolate después de una tabla de quesos. Bascula, se erige, se eriza.

Mi cuerpo es perfecto.
Tengo una boca que no moduña pero habla mucho, dice poco. Aguanta el frío del invierno en la montaña y los excesos del verano. Es órgano sensitivo, infalible juez del bien y del mal. Deglosadora de sabores, receptáculo de amores. Gime, llora, ríe, grita y hasta se atreve a canta.

Mi cuerpo es perfecto.
Con un par de manos basta para escribir, cocinar, tejer y ordeñar. Ellas pueden percutir y dibujar infinitos en tu sien. Se estremecen hojeando bibliotecas aje as y un beso e
n las yemas las lleva a desfallecer.

Mi cuerpo es perfecto.
Mi calzado pequeño y en ángulo de 35°, padece este frío como recordándome que nací en el sur. Los arcos de las bailarinas, el zapateo de borracha de carnaval. Sabe cargar con mis penas y las ajenas, empatía que me invade desde la raíz.

Mi cuerpo es perfecto.
Una constelación de pecas viste mis hombros como las hombreras escoberas de un militar. Las frutillas de la espalda me las heredó mi mamá para dibujar el camino de regreso a los días de compañía feliz. Mi meridiano lo indica el lunar de li pericardio. En la nalga derecha y entrando por la derecha en mi ombligo, los que desequilibran pero hablan de lo bonito que es disfrutar sentado del fuego identitario.

Mi cuerpo es perfecto.
Sueño con los vivos y a los muertos los puedo imaginar. Aventura planes y adivina la trama impredecible del porvenir.


Mi cuerpo es perfecto. Y el tuyo lo es también.

De res gallina

Tiempo hace que el asunto me revuelve esta guerrillera dupla de feminismo y lenguaje: “más puta que las gallinas”. Los googlenautas no lograron satisfacerme con sus explicaciones y hasta quizás alimentaron más esta necesidad de reivindicar al gremio.

De la ciudad al campo. De la huevera de plástico agarrada casi con asco a desplumar pollos sin más molestia que el ocasional paso del viento sonoro a través de la faringe del muerto.

Un gallinero se constituye a partir de ciertas reglas de orden social: no mezclar pollitos con gallinas adultas, no introducir un ave nuevo en una bandada ya conformada y no tener aproximadamente más de un gallo por cada diez gallinas. Se deduce así que el pavoneo de un sólo macho basta para enloquecer a tanta hembra, llevarla al máximo de su intención de seducción. Gallinas vanidosas, recién salidas de su baño de polvo meneando el plumaje para el Señor del gallinero.

Mas… no.

El comportamiento de las gallinas es ajeno a la presencia del gallo. Picoteo por la mañana, picoteo por la tarde, baño a media luz, picoteo al caer el sol y noche al resguardo de las fieras sobre su palo dormidero. Las hay, mis favoritas (normalmente más pequeñas y emplumadas), que se saltean por completo la necesidad del gallo a la hora de criar y pasan 21 días empollando huevos no fecundados. El gallo picotea, claro que si, pero ¡ay! tan bonito y tan ignorado él! Sube y baja, corre, luce su cola y canta cuanto puede. En cercanía de las muchachas gusta de estirar y sacudir las alas de manera sonora (cualquier semejanza con potrerío de gimnasio es autoasignada).

Quizás consciente del no-efecto en las féminas (que siguen por allá chusmeando en dupla o solitarias, buscando pastitos, algún bicho desafortunado o los copos de avena que acabaste volcar), termina de aburrirse de tanto espectáculo infructuoso y decide ir al hecho sin más intermediación que un pisotón certero sobre la espalda y algunos picotazos sodomizantes en la nuca de la gallina.

¿Más puta que las gallinas…?

[ La colo le agradece la divulgación de este cuidado trabajo de campo ]

Calado de fantasía en granate

La sangre llega a su punto de ebullición (densa, expandida). Su incomodidad en el otro juega al espejito rebotín y explota en mis manos.
Las advertencias tienen múltiples formalismos.
[Hoy] – Tinc mala lluna.

Escopetazo de mentira. Simplista, rutinaria, reduccionista, cual extraída del “Manual de convivencia libre de erratas para jóvenes”. Mi mentira es la de la memoria colectiva (un 152 que lleva la historia de la humanidad en ruta). La adopto esta noche pretendiendo sintetizar (y callar) todo aquello que, silenciado, muta de espacio introspectivo fortificador a reducto de oscuridad incomprendida.

…porque existen, incontanbles delicias que mi sombra admitiría libre de reproches y ceños fruncidos…

[Hoy] Ahorrarme el engorro de cavar una cueva tomándole prestada su antigua dimensión al tocón matriz del castaño. Dejarme atrapar por los vértices delgados de su progenie (mímesis bucólica de esta prisión emocional) y sentir bajo mi cuerpo la dureza maleable de la madera. Comprar el combo huída/ pecho/ embriaguez/ mirada ornitológica y posicionarme como adoradora del sol para palpar provechosa la humedad carnal del musgo. En mi soledad egoísta descubro el líquen rey, lo corono de caricias, muerdo su aspereza, desarmo su forma y me reduzco en una dimensión privada. La alfombra del musgo muta en un universo versátil de pequeñas vidas. Los dactilos, viviendas errantes. Todo el sotobosque parece susurrar un canto de bienvenida (Què busques, xiqueta?)

Rezuman mis pies desde el lodazal. Gemido primal dibuja mi genuflexión (…del barro vienes…). Absortas mis manos, ajenas a mi raciocinio, amasan la Tierra con grandeza creacional. El barro fresco entre los dedos, ya revueltos y mareados, resultaría gesto censurable en la urbe; aquí, pan de mis entrañas, baño de vitalidad para mi ser.

El niño dormido y un cuarto menguante que me saluda cómplice. Las aves de regreso al nido. El río, conductor de tentaciones, desborda su cauce. Mi cintura, su destreza para asirla. Ninfa de mis relatos, deslizo mi piel en la sanación. Erizo de cervicales. Mis dedos caracoles refugiados.

– Bona lluna i bones estrelles.

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Santo de viernes

Te llamo (por el nombre que te puso ella). Intento hacerlo mio, masticarlo hasta desmembrarle las menudecias para vomitarlo luego con una nueva configuración. Le pongo un sonido a la expresión renacida y, para mi asombro adolorido, tu nombre se mantiene erguido después de su odisea por mis adentros.
De la mano de su orgullosa rectitud pasea la nefasta pareja de vergüenza y subordinación.
Mis parótidas en alerta disparan germinados de querer a largo plazo. Se entregan tus fibras a una ensoñación melosa, se mojan tus lagrimales sin creer en la existencia del dolor. Te hiero a consciencia buscando el escalofrío en tu estructura de la misma forma que, devota, enciendo lumbres en cada esquina que tu geografía recorre.

Lembrança

Dijo que me quería (o era que me había querido? o… habría…?).
Habría.

Por qué habré ido a querer (si, hablo de IR, porque aquellos días siempre anduve metida en mis rollers demodé persiguiendo la estela de sus fugas) a quien de conjugaciones y acentuación y enjambres verbales de poco a nulo dominio tiene?

Desgloso su querer. Lo sospecho infundado, lo huelo traicionero. Matarife de guante galante? No le hubiera hecho falta el señuelo: me gustan los matarifes. Hay algo en su samba y en el descontrol humeante de sus pies quemando los pedales que fascina (falta la nota bucólica, pero mi memoria no falla: alergia al polen y a las plumas; alegría en la hierba y la paja).

Tic odioso (pasaporte denegado a cualquier encuentro social) aquel de su pulgar acariciando el índice en señal de dinero. Incalculables las veces que lograba colar reflexiones monetarias con el único y ridículo fin de gesticular con la diestra… me veo aún, ahí, sentada con la espalda reclinada con dolor y la boca emitiendo una sonrisa insostenible, ignorando a consciencia que no era el vino de la casa lo que me reventaba la tripa sino la infinita imbecilidad de su expresión reiterativa.

…ironía calculada de la vida que con esa misma mano supiera aferrarme con tanta diligencia a su cuerpo, enredar con voracidad los dedos como tenedores embriagados en mi cabello.

Retomo su condicional (confirmado en el arco vagabundo de sus cejas) y paso del incómodo recuerdo de sus antebrazos de leñador novicio a la instrospección mutiladora de mis formas. Mujer de alta demanda: las uñas cortas, la cocina perfumada al sentarme a desayunar, amame pero no me empalagues, ignorá mis andadas y por favor prepará las velas de mi cumpleaños, las zapatillas jamás blancas, que tu mochila conste de una tira para cada hombro (vomito manga sobre la uni-tira diseñada para abrazar pectorales), mirame, oleme y en el cortejo abrí un hueco para mis sentidos, el aro dejalo como quieras pero no confundas la toalla para los pies al salir de la ducha, me atiborro de chocolates vencidos (vos dame minerales vestidos de potaje), sol en casa, postigones trabados y ventanas abiertas, encendida mi entrepierna (licencia física que elude ‘vulva’, a mi mamá no le gusta pronunciarla) y siempre helados mis pies.

El teléfono: – Hola mi pequeñaíndex

¡Cuánto deleite en el susurro áspero de su voz! Anulo inflexiones, gesto una borrasca sobre la posible resurrección de formalismos para entregarme a la marea melosa de su cantar. Mateo 8,5-13 (ruborizado de erotismo).

El auricular simula fundirse en mi palma (lo adiestro con un suspiro severo); la otra orilla percibe la inquietud. Su condicionalidad muta en presente desbarrancando las máscaras del orden y yo, esta estructura de hierros y pvc recuperado, me yergo del claustro cual mutante de hiedra: enredada, curvilínea, perenne, suculenta.

Liebeskünstler

“No podés saberlo. A vos nunca te rompieron el corazón.”
Era adolescente. Crédula, constante, con la creatividad acallada.
Sus palabras fueron punzones certeros y llegó con su verbalidad doliente al centro de mi emocionar de estanterías organizadas.

No era su daga encolerizada quien me traspasaba, sino la certeza de saberme desconocida desde la cáscara hasta la más ínfima partícula de mi composición. Porque por mi torrente vagan, inefables para la boca apócrifa, los relatos de las inquisiciones que mis amores destruyeron.

 

En mi universo la construcción del cariño no requiere de un yo personalizado de zapatos pulidos, dirección postal comprobable y proezas académicas. Mi romance lo edifica este yo fantástico que descubro al cerrar los ojos, moldeando infinitos ideales, sombras de grandes literaturas, destellos de aquel que jamás me devolvió la mirada (de aquel otro que jamás me olió al pasar).

Conformé las borrascas de amor vertiendo gota a gota mi sed y cualquier rastro de demandas y obligaciones, llenando los cántaros de promesas pronunciadas tan sólo por el repique de mi andar egoísta. Lo reconozco sin doblegarme: formé amores que tan sólo para mi existieron; siempre ajenos a su posesión, los experimenté ilesa y revuelta desde la ventana de mi membrana vitelina.

 

 

…y cuando me decidía a abrirla…

Tanto como los quise (melosos – independientes – pasionales – devotos) tanto cuanto me hirieron.