Archivos Mensuales: julio 2017

Crónica de un comienzo anunciado

2. San Agustín nació parrandero y murió para la santidad.

Qué rápido salté de los Backstreet Boys a oscurecerme con Oasis para anclarme en Tori Amos, Fiona Apple y las cumbias del fin de semana. A pesar de la progresión, todas las letras se mantienen pegoteadas en mi lengua. No comulgo con la emoción dolida de la Pizarnik y el intimismo de Anne Sexton me resuena distante; me atrapan. Deseo escribir con el mismo fervor con que hecho anclas ante Seinfeld para nutrir mi inglés. Una jubilada húngara y la necesidad de entender qué cuchicheaban mis progenitores me hicieron angloparlante. Hoy exprimo este plus de mi currículum para ‘is this seat taken?’, sorry, shit y para calentarme viendo Vikings sin que los subtítulos me jodan la panorámica.

Alzo la mirada por encima del marco lila y sé que detrás de la pileta arriñonada y la palmera que hace de hogar a las cotorras luce el Río de la Plata. Había frecuentado sus márgenes lo suficiente como para considerar necesario un llamamiento ecológico: LIMPIEMOS LA RIBERA. Hoy sería una campaña de colecta de firmas virtuales para demandar encarecidamente la responsabilidad a los funcionarios pertinentes. En tiempo real fue un párrafo copiado y pegado seis veces, una demostración de paciencia con el posicionamiento de los agujeritos-guía del papel de la inpresora, mi firma, unas florcitas dando la nota de color y la prohibición rotunda de mis padres a agitar tan imprudente movilización. Podría haber devenido en una rainbow warrior, ahora me contento separando mis residuos.

Tengo 17 años y no sé (hasta la treintena la psiquis se encarga de negarnos esta iuminación, en pos de la supervivencia de la especie supongo), no sé todo lo libre y exprimible que mi vida es. Mi cuerpo me acompaña sigiloso y expeditivo: bailamos noche, madrugada y amanecer a 5cm sobre el nivel del mar, nos hidratamos con cualquier mezcla que nos licúe las tripas y el entendimiento y, en el más favorecedor de los escenarios, salimoa del letargo para desayunar la torta brownie sobrante del cumpleaños de mi hermano.

Sofi y Alex, los gatos que teníamos semi estabulados, se fueron desdibujando con nuestra infancia. Pero este barrio es eminentemente gatero y cada semana algún himno al celo se entona en el jardín. Con nuestra infancia adulta también se fue el cerco protector de la pileta y con él el comedero para pájaros, bucolismo de ciudad. El bebedero de colibríes tuvo un éxito frugal: nadie fue constante en la preparación de la mezcla y la vigilancia gatuna no hizo más que derribar vínculos. Los perros habían sido la pareja de pastores alemanes temerarios y de peste húmeda de mi abuela y serán la compañía insospechada del futuro. Ahora son el no infranqueable de mi madre afirmando que hijos ya tiene suficientes y que pasarse el día levantando repostería fecal no forma parte de su ideal de confort.

Es de tarde y no quiero estudiar. Voy a verlo, ojalá llegue a la estación con los dientes cepillados. Nesquik licuado con crema y hielo y hacer el amor con desparramo. Nos gusta este empalme hormonal asiduo. Con esta intimidad sólo nos conocemos el uno al otro y la vida parece hecha para coger, comer y no hablar de cagar. Nos queremos, nos exploramos, nos atolondramos y compartimos esta jovialidad suponiéndola eterna. Tiene dos perros, no nos vinculamos. Adoptó una tercera que quedó preñada a través de las rejas de la casa. Pocos son los limitantes del ardor. Hijo de veterinario, le metió la mano en la vagina para asegurarse de que no hubieran cachorros librados al olvido con una intensidad delicada que mi cuerpo desconocía.

Cenamos frito con mayonesa o pizzas con helado. El último tren corre delante de la puerta, la sirena de una ambulancia, la fiesta del vecino, su hermana que entra sostienendo el mutismo propio de una noche de excesos. El taxi me devuelve, impuntual, a la calle cuyo topónimo abarca sólo 200m, mención desgastada para el primer gobernador de las Malvinas. “Ma, ya llegué.” Me duermo. Qué bien, mañana viene la Oma con Kinder Sorpresa para todos.

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