Lo que cuesta armar un full


Inauguraron el quinto supermercado en un pueblo de seis mil habitantes. Antes de haber terminado de colocar las estanterías ya lucía un vinilo en su pared de vidrio: DIRECTO DEL CAMPO.

Para no suscitar mayores confusiones he a continuación un pequeño ejemplo real de la intencionalidad de llevar nuestro producto directo al consumidor.

Al ser un rebaño lechero, procuramos agrupar los partos para poder disponer de la leche de todas las ovejas a la misma vez. Ergo, tenemos todos los corderos disponibles a la misma vez.

Ofrecemos cordero lechal (de un mes aproximadamente, animal que mama, empieza a comer algo de hierba y al que no cebamos con piensos). Corren, saltan y ocasionan algún que otro dolor de cabeza. Nada muy alejado de la maternidad humana.

Anoche, habiendo terminado de ordeñar, marcamos los corderos que tenían el peso adecuado. Levantamos las migas de la cena y preparamos los papeles para el matadero. Alarma dispuesta y cuerpo cansado.

5 de la mañana. Los perros roncando en la paja y los pajaritos dormidos hasta la hora siguiente.

Entramos al establo en busca de los corderos marcados. Crotal en la oreja y entran a la caja de la furgoneta. 34km de ruta de ida para él mientras yo me cebo unos mates, repaso el orden de la casa y bajo las primeras luces vuelvo a calzarme el traje de pastora.

Preparo el desayuno para el rebaño, me siento a ordeñar y con 34km de vuelta Albert se incorpora y seguimos con la rutina diaria: leche, escuela, queso, rebaño.

A media tarde hacemos malabares: 34km de ida al matadero a recoger las canales. Tomo el relevo del rebaño; los abuelos nos asisten con la escuela. 34km de vuelta al carnicero del pueblo y otro kilómetro más para dejarme las pieles que a la mañana siguiente salaré para su curtiembre.

Cerrada la rutina de ordeño, barridas las nuevas migas de la cena, repasamos el peso de las canales y le indicamos al carnicero cómo quiere cada cliente que corte su cordero. Preparo albaranes y aviso a cada cliente el precio exacto y la hora aproximada en que pasaré por su casa.

Amanece una nueva madrugada. Rutina clásica sin matadero de por medio. Llega la tarde. Me subo al auto con el isotermo; abuelos mediante en la escuela, voy al carnicero a cargar cada una de las bandejas que me toca repartir. Agradezco el servicio, río (para no volver a llorar) con la dependienta por el robo de hace un par de semanas, río con una clienta que valora la fuerza de mis brazos, río ante mi reflejo acelerado en la puerta de vidrio espejado. Pago y me voy.

Mientras la política agraria siga siendo materia de oficinistas y los mataderos móviles no sean una realidad de sentido común, esto es lo más cercano al “directo del campo” que con mucho esfuerzo podemos ofrecer.

“EL MEDIO ES EL MASAJE”.

Que se haga mantra para la reflexión: si está en un supermercado viene DIRECTO DEL SUPERMERCADO.

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